Buenos presagios

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Aquí voy, manteniendo mi promesa
de dejar a la tristeza en la estacada:
ella llora lo feroz de mi partida,
me despide con pañuelos de lavanda.

La consuelo, replicando que bastante
ya le he dado de mi vida horas, tantas,
que si suma con el ábaco más justo
van ya años de tenerla en mis andanzas.

Mi tristeza va y suspira… con tristeza
reiterando esos rasgos que le calzan:
con dolor hace un ensayo de sonrisa
y asiente, bendiciendo mi esperanza.

«¡Ojalá no nos veamos nuevamente!»
—ella ruega, sin poder quedar callada.
Así marcho, casi al trote, al arcoíris,
con un verso y canción entusiasmada.

Bien yo sé dónde quedó, entumecida,
y espero que también le crezcan ramas
mientras vaya, hundiéndose en la tierra,
mientras sueñe con limones y naranjas.

Si la vuelvo a visitar —¡maldita sea!—
yo sé bien que hoy rencores no me guarda:
jugaremos solitarios las partidas
que parece que el destino me guardaba.

Más por hoy, trataré de que el olvido
oscurezca mi pasado y ponga alas
al amor que me late en cada pierna
conque raudo yo me voy a tu cañada.

–Álex Padrón, octubre 2024

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