Discusiones en las redes sociales: cuidadito, compay Gallo…

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No deja de maravillarme cómo muchos confunden cuerno con carne y siguen pisando juanetes.

A ver, listillo o listilla… y voy a ser inclusivo por una sola vez, porque hasta listilles hay. Tus derechos terminan en la misma marca y frontera en que comienzan los míos. Para ser menos agresivo: tus derechos empiezan justito dónde terminan los míos, así que a tomar viento y no molestes.

Así hablaba Epitecto

Que no lo digo yo, carijo. Lo dice el filósofo estoico, que sin CaraLibro, Tontwitter ni redes ni ná ya sentó las bases para no meterse en discusiones vacías:

“Cuando cualquier persona te trate mal o hable mal de ti, recuerda que ella hace o dice esto porque cree que es su deber”.

Epitecto

Así y ya de fácil. Quién ofende al prójimo cree estar en lo correcto —según su compás moral—, por lo que no es capaz de dar su brazo a torcer. Con ello no te está haciendo daño: quien va a sufrir las consecuencias es su propio prestigio, cuando la verdad aflore.

(A ver si te explicas un poco, Epitecto, que estás un poco enrevesado):

“Si alguien presupone que una proposición verdadera es falsa, no es la proposición la que es afectada, sino el hombre que se ha engañado sobre ésta”.

Epitecto

En otras palabras: no porque la ensucien, la verdad deja de ser verdad. Al final, quien habló mal de ella es el que termina enfangado.

¿Te ofenden? ¿Te calumnian? Pues tú tranquilito con tu mantra: Pobrecito él, eso es lo que piensa. Yo sé lo mío.

Estoicos en la era digital

En estos tiempos en que todo se debate, no falta el (la, le y todos los artículos de género y número) palurdo que está listo a saltar al cuello de tu criterio.

Estoy a favor de una sana discusión cara a cara, dónde la posibilidad de terminar a trompadas si ofendes llama a la mesura de las partes. Pero el distanciamiento de los dispositivos permite que cualquiera se sienta en el derecho de ponerte a parir, y aquí sí que no entro.

¿Razones de troleo? Mucha falta de autoestima, y ganas de debate para autoafirmarse. De tener la última palabra sobre algo, por nimio que sea… aunque sea mentira. Salvando las distancias y las emociones, es ese mismo instinto adolescente del “Cuelga-cuelga tú”. Lo que con mucha mala leche.

Claro está que Epictecto sólo descubría el agua tibia, pues las filosofías orientales ya llevan muy imbuido ese espíritu: las cosas externas están fuera de nuestro control. Entonces, como sólo puedo cambiar lo que depende de mí, es más sano reaccionar de forma tranquila y desapegada a los intentos ajenos de sacarme de quicio.

De forma muy similar, el budismo nos enseña que somos responsables de nuestros actos y reacciones a los sucesos, así que en eso es lo que trato de enfocarme. Casi siempre. No niego que hay opiniones y criterios que me hacen recitar el Sutra del Loto al derecho y al revés, para no explotar como el consabido siquitraque.

Yo pensaba que tú eras budista…

Empecemos por aclarar que quienes ponen la otra mejilla son los cristianos. Los bandidos del monte Shaolín se confundieron también de criterio y se pasaron tres pueblos con los monjes de su templo budista.

No tengo pruebas, pero tan poco dudas: mientras el Bodhidharma lo machacaba, el jefe de los bandoleros clamaba asombrado.

“Yo pensaba que tú eras budista”.

El concepto de la tolerancia y la no-violencia está mal interpretado la mayoría del tiempo. Como práctica, un budista está en contra de la violencia y tratará de rechazarla… en especial la que se aplica sobre su propia persona. Porque él tiene deber de defender la vida. La suya, muy en especial.

Entonces, el budismo y por transitividad el estoicismo no es una justificación para que cualquiera te machaque, ni haga trapos contigo. Es una coraza mental para evitar reaccionar de forma emocional a la memez con z y la falta de respeto. Es entender de forma profunda que quien trata de hacerme daño en realidad se lo está haciendo a sí mismo, por tozudez, por ignorancia y no por maldad.

Porque, como dijeron para siempre en La Botija, “A la gente mala, la culebra les muerde la cabeza”. Ya el Karma se encargará de demostrarle al bocón digital lo equivocado que estaba. No voy a discutir: que tenga su última palabra… y se atragante con ella.

Por eso Epitecto nos enseña un poco de compasión para ponernos en los zapatos del ofensor y evitar las confrontaciones estúpidas, porque la verdad no se altera por la creencia que tengamos de ella —la Tierra no es plana y sanseacabó.

Cerrando el lazo, el mismo Jesús lo dijo clarito, clarito: “Perdónalos, Señor, que no saben lo que hacen”.

Razonar no es discutir

Lo anterior funciona en ambas vías. Por eso, estoy también en todo mi derecho a estar equivocado.

El razonamiento de Epictecto se me aplica, si tomo una premisa verdadera y defiendo que es falsa. Pero cuando salga de mi error —si salgo—, lo reconoceré abiertamente. Sólo así me libro de la porquería que yo mismo me tiré arriba.

Mas defenderé mi criterio, errado o no, sin tratar de machacar a mi interlocutor y dejando abierta la posibilidad de que se me convenza con hechos y argumentos buenos. Ni a gritos, ni a ofensas, ni a ataques. Ni con falsos argumentos de “yo creía que eras esto o lo otro”.

Porque mi derecho a equivocarme es también mío, ¿eh? Y tú no eres quien para venir a ridiculizarlo. Cuidadito, compay Gallo, cuidadito… Respetemos los espacios ajenos, y que cada quien siga su caminito espiritual.

Ya lo dijo Epitecto. A ver si nos lo aplicamos un tín.

Y tú, ¿qué piensas de las discusiones vacuas en las redes sociales? Déjame un comentario, a ver si coincidimos.

Y si llegaste hasta aquí, pues dame un me gusta, ¡bien sabes que es verdad! O compártelo en tus redes sociales, para que tus amigos discutan menos (o más). O rebloguéalo. O qué sé yo.

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8 comentarios en “Discusiones en las redes sociales: cuidadito, compay Gallo…”

  1. ¿Que qué opino? Que la mayor parte de las veces son un instrumento para desahogar frustraciones otras un carnaval: la cibergente se disfraza de lo que nunca será, y sigue la esencia de actuar con impunidad bajo la máscara. Por eso no suelo discutir en redes porque no es por no ir, pero “ir pa ná es tontería” 😅 Es un placer leerte

  2. Sobre todo hay que respetar la opinion del otro, puedes no estar de acuerdo y pensar algo totalmente distinto y expresarlo, y debes esperar el mismo respeto de los demas y sin ofender.
    Gracias por compartir.

  3. Más que discutir (contender y alegar razones contra el parecer de alguien) deberíamos conversar (hablar con otra persona). Discutir termina implicando una controversia entre opiniones y las opiniones son libres. Puedes estar de acuerdo o no con una determinada opinión, pero no decir que es incorrecta. La opinión es.
    Por tanto, en las redes lo que hace la gente es entrar en controversia que no es, ni más ni menos, que llevar a cabo un diálogo absurdo llevado al paroxismo.
    Otra cuestión que afecta y no se debate es el nivel cultural y de inteligencia de los interlocutores. A los carentes de estos niveles, sus razonamientos terminan perdiendo el nivel de opiniones por falta de ilustración, decencia y decoro.

    1. Ahora bien en lo del nivel cultural: zapatero a tu zapato. Si hablamos de competencias (en el sentido estricto de la palabra) un campesino puede que no tenga estudios o cultura, pero no me atrevería a cuestionar su experiencia a la hora de sembrar y cosechar. Hay que elegir el berenjenas donde uno se cuela.

  4. Verás, yo opino que el ser humano siempre ha sido hijo de puta y gilipollas. No es que lo sea más que antes por la aparición de las redes sociales y lo que estas conllevan, pero desde que aparecieron, puede dejar prueba manifiesta e innegable de ello.

  5. Es similar lo que sucede en las redes a lo que pasa en la esquina de mi barrio. El que gana es casi siempre el que más grita. No es ni remotamente el que más sabe, pero no deja escuchar a los demás. Mejor sentarse en la baranda, cigarro en mano y observar. Muy bueno. Un placer leerte, brou.

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