Facebook y la fiesta del Guatao: la historia se repite

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La Fiesta del Guatao es para los cubanos sinónimo de una celebración que termina en riña tumultuaria. Tiene sus raíces en una famosa confrontación que tuvo lugar en la Habana a finales del siglo XIX.

Aunque hay varias versiones de cual fue la chispa que inició la trifulca, desde celos hasta una confrontación española-mambisa, esta es la que me parece más creíble:

“Una mujer conocida como mamá Kimdamba acostumbraba realizar pequeños guateques en su casa. En dichas fiestas, llamadas “Tambor de Yuca” y realizadas los fines de semana, participaban los vecinos, quienes se reunían para bailar, beber aguardiente y conversar.

No obstante, quienes verdaderamente causaron el problema fueron los esclavos de Taoro y Maurín y de las fábricas de San Antonio de Macastá y San Joaquín. Se dice que estos empezaron a discutir haciendo las populares tiraderas, y de a poco el ambiente se fue calentando.

En consecuencia, por el efecto de las bebidas y contrariados por los comentarios de uno u otro grupo los esclavos pasaron de las palabras a los golpes. Finalmente la situación se salió de control, convirtiendo la alegría de la fiesta del Guatao en una violenta y desmedida pelea en la que tuvo que intervenir la Guardia Rural”.

Y seguimos en las mismas

Lo tenemos claro: no sabemos conversar civilizadamente. Somos demasiado apasionados y sobre la diferencia más sutil vamos creando un castillo de odios y de “te digo esto porque tú me dijiste aquello” que, alcohol por el medio o no, nunca, NUNCA termina bien.

Vaya usted a saber cómo comenzó la Fiesta del Guatao. Pero todos saben cómo terminó, del carácter volátil cuando alguien osa ir en contra de nuestra opinión y la suprema tozudez de no dar nunca nuestro brazo a torcer, no importa lo trascendental o nimio del tema.

Si entre dos no funciona, cuando un tema se masifica y escala a miles de contendientes hemos creado la receta para la perfecta piñacera. Y es que en buena lid, todos los dignos descendientes del fondo de la charca de la Hispanidad somos especialistas en largar punzonazos al molote: a riesgo mínimo y con el alma negra.

Las redes sociales, el anonimato y los falsos perfiles nos lo ponen a punto de caramelo para vomitar la frustración, la bilis acumulada y la mala leche. Por la pandemia y por lo que no lo es.

Fango llama a pantano

Ojalá que con eso nos liberáramos del peso y fuese suficiente para ser mejores personas, pero no: como el fango llama al pantano, ahí vamos de nuevo a cargarnos de negatividad y amolar el fierro otra vez, prestos a saltar al cuello de la próxima víctima de turno. Pero no de frente, claro. Solo cuando los números del tumulto sean tan gordos que uno más no se eche a ver.

Los cazadores de broncas y multitudes de turno normalmente carecen de talento propio para el diálogo o la crítica y funcionan sólo como lo que son: una jauría que toma como bandera hacer leña del árbol que cae.

Luego, queda ese ¿buen? sabor de victoria colectiva, de ser parte de la turba triunfadora y no el tallo de maíz que los ciclones castigan sin romperlo. Falta fibra, falta flexibilidad para considerar otros puntos de vista y falta coherencia clara entre lo que pensamos y lo que hacemos.

Yo me rio, pero no a tu costa

¿Por qué? Pues por “echarnos unas risas”, lo cual estaría bien, si no fuese por el hecho de que lo hacemos a costa del de menos luces o menos voz.

A mí que me cuelguen de los cordales, pero igual se me parece tanto al abuso que me niego a entrar en el juego de la mentalidad de manada. Por la sencilla razón de que si me sumo hoy, que me parece válido prestar mi voz y voto ante una injusticia, mañana se me va a cuestionar el por qué me pongo a remar a contracorriente de la voz de la tribu.

Así, soy el obrero que se volvió soldado y el muchacho solitario que vistió el short corto y la camisa gris de las Juventudes Hitlerianas. Así, no me cuadra. Prefiero elegir mis batallas, para que sean sólo mías. Sin inquisidores o instigadores posados en el hombro. Sin miedo a las repercusiones sociales de cada teclazo que doy.

Obviamente, sin tener que perder ni ceder mi precioso tiempo a novelas de turno, deslices mediáticos y las mil tonterías que, un día tras otro, me hacen cuestionar la posibilidad de que seamos una especie realmente inteligente.

Así que me alejo del tumulto. Y los dejo con las décimas del gran Samuel Feijóo, para que nos riamos de cosas que den risa y no lástima:

FIESTA FAMOSA

Hubo en el Guatao la fiesta/ más extraordinaria y rara
cuando allí asomó la cara/ coqueta de Fela Cuesta.
Pronto comenzó una apuesta/ sobre quién bailaba a Fela.
Aquello prendió candela/ de volantes «jaquimazos».
Golpeaban rostros «piñazos»,/ mordía a la espalda la espuela.

El griterío despedido/ en la medianoche ardiente
de la atropellada gente/ se oyó por lo más tupido
del monte. El enfurecido/ puño en flor se daba entero.
Por tal revuelto bronquero/ de silletazos y muelas
revolando, quedó Fela/ desmayada en un alero.

Bajo el golpe en cruenta ola,/ la noche caliente en mayo,
hubo quien montó un caballo/ por la punta de la cola
De la enorme batahola/ surgía un chispaje dorado.
Del conflicto continuado/ salieron sones de estaca
y macetas de albahaca/ coronando un ¡ay! helado.

Por algún hueco que hubo/ los músicos escaparon
y mientras más se buscaron/ más denso el misterio estuvo.
Un tipo construyó un tubo/ para huir del bravo «queque».
Las tablas del bajareque/ se fueron cuarteando a poco
al bronco rumor del loco/ puño piñando al guateque.

Luego la Guardia Rural/ vino a acabar con el brete:
quedaron doce machetes/ revolando en el maizal.
¡Qué batalla! La fatal/ Fela gozaba en su punto:
la mirada de cotunto,/ la vista como candela.
(Guatao seguía en la «pela»/ al acabar este asunto.)

Samuel Feijóo

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3 comentarios en “Facebook y la fiesta del Guatao: la historia se repite”

  1. Esclarecedora y realista entrada! No hay peor cosa; que la imbecilidad e ignorancia, de quienes se creen dueños de la verdad y se burlan de los que opinan lo contrario, buscan la confrontación no como medio sino como fin. ” Saber que no se sabe, eso es humildad. Pensar que uno sabe lo que no sabe, eso es enfermedad ” (Lao Tsé). Un cordial saludo.

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