¿Papel o digital? Lo bueno para ti, es bueno para mí

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Mucho se ha hablado en relación a la lectura en papel vs la publicación digital. Sobran las opiniones sólidas con respecto a una u otra variante, tal como son verdaderas hordas las que se unen a uno u otro bando.

Yo, como muchos otros, soy de los que queda atrapado en el fuego cruzado y me confieso péndulo oscilante en ambas vertientes. Por un lado por supuesto que adoro los libros en papel como lector… pero más los idolatro como creador.

No es solo el cheque al final del año

No hay nada más reconfortante que poder palpar una obra propia en físico, en un objeto material que no depende de baterías ni pantallas. Que puede resbalarse de tus manos cuando lo estás leyendo y caer al suelo sin que eso constituya una hecatombe. Que resista los embates del tiempo y la humedad por años, y no sea un verdadero desastre verlo perecer en un fallo de disco duro o tarjeta.

Muchos estigmatizan al libro en papel como el causante de severos daños ecológicos. Si bien esto podría ser cierto a principios de la industria papelera, en el siglo XXI es una falacia. Hay que recordar que el papel se elabora (desde los tiempos del imperio chino), creando una pulpa de trapo y, ¡oh maravilla! papel y cartón viejos tratados de forma conveniente. Así que los propios libros pueden reciclarse —conozco unos cuantos que merecen ese fin— para ser hueso y carnes de otros nuevos.

Tampoco las editoriales hoy en día hacen tiradas gigantescas a tontas y a locas como antes. A menos que trate de un material escolar obligatorio, la literatura se ha vuelto cauta de cara al mercado. No es de extrañar que un título se anuncie a bombo y platillo como la tercera o la cuarta edición: no caigas en esa trampa. Pregunta de cuantos ejemplares fueron las tiradas anteriores, para ver si en realidad estamos en presencia de un bestseller o de un longseller.

Pero para no divagar,  si comparamos el impacto sobre el medio ambiente de un libro físico contra su clon electrónico, el papel sale en ventaja. Además de la electricidad necesaria para cargar el dispositivo, debe entenderse que para producir una pc, una tableta o un móvil se requieren de procesos tecnológicos que contaminan mucho y consumen recursos no renovables. Al morir, estos equipos son de difícil reciclaje.

Añadimos que los árboles utilizados por la industria del papel suelen ser de muy rápido crecimiento. El propio sector ya está sensibilizado con su propio impacto ecológico y no solo replanta su materia prima, sino que trata el agua utilizada de forma eficiente.

Y un hecho indiscutible: el libro en papel es un pequeño cofre que atesora el tiempo y el esfuerzo que el autor dedicó a crear la obra. Lo cual salvaguarda el derecho intelectual del autor, pero al mismo tiempo limita su alcance en los tiempos modernos.

Una lanza electrónica a favor del digital

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Es estúpido negar que la lectura en digital llegó para quedarse.

Amén de las desventajas, el libro electrónico como producto es mucho más barato. No requiere de impresión física, aunque el proceso de edición, maquetado y arte sigue siendo el mismo. O al menos eso esperan tanto el autor —que no es infalible— como el lector final, que espera un resultado comparable al de un libro de papel bien editado.

El libro electrónico es, además, inmediato y universal: su adquisición no implica gastos o demoras de transporte, la editorial no necesita espacio de almacenamiento para conservar sus tiradas y el lector lo recibe de inmediato cuando compra.

Aquí viene la parte complicada del asunto.

Al ser un medio fácilmente reproducible y asequible desde cualquier parte del mundo, el libro electrónico puede replicarse y distribuirse ad infinitum por terceros, en detrimento económico de autores y editoriales. Ojo, estamos hablando de la piratería.

Pero, en algunos casos, he de justificarla.

Corsario, no pirata

Desde la falta de acceso al mercado editorial y el convencimiento que para convertirme en un gran escritor necesito cabalgar sobre los hombros de gigantes, hago un mea culpa por todos esos grandes que he leído al amparo del sombrero negro. Cuando pueda y en cuanto tenga los recursos, adquiriré y honraré a autores y editores comprando las obras físicas. Pero no me voy a privar del gusto y el derecho a cultivarme.

Espero que el noventa por ciento de mis lectores  haga un acto de contrición y lo reconozca junto conmigo: justo ahora, mis archivos digitales cuentan con más libros de los que me voy a leer en todo lo que me queda de vida. Es posible que no me alcancen cuatro o cinco reencarnaciones.

Esta es una “ventaja” que empuñan los lectores digitales: el poder de llevar en un dispositivo portátil el equivalente de la Biblioteca de Alejandría. Es también una desventaja, porque seguro estoy que no vas a leer una décima parte de tu gran colección. Tener gigas de libros en pdf no te hará más sabio que el que bien tiene estudiado su librero de anaquel.  

Más bien, te convierte en un mono que echa todas las manzanas de la sabiduría en un saco, en lugar de deleitarse solo con una.

Lo bueno para ti, es bueno para mí

Comienzan entonces los sentimientos encontrados de este humilde autor, que recién tienta el agua como parte del colectivo editorial.

Por un lado, solo otro escritor puede comprender el enorme desgaste físico e intelectual que conlleva escribir una historia coherente y atractiva.  Por el otro, hay obras que un lector agradecido merece tener ante sus ojos de la forma más barata y expedita posible.

Pese a lo que el público general piensa, una sola cuartilla que se lee en tres o cuatro minutos lleva horas sino días de trabajo: entre la escritura, la reescritura, la corrección ortotipográfica y de estilo, las amargas discusiones entre autor y editor y el maquetado final a su valor literario se le suman muchas horas de trabajo real.

Para que sea un producto que aporte valor a quien lo lee, un libro pasa por muchas manos y requiere del concurso de muchos actores. Estos trabajan, como no, con mucho amor por el arte. Pero no pueden vivir simplemente del placer que les causa contemplar el producto terminado. A los ojos del mundo, un escritor publicado es millonario, y todos los editores son mercaderes avariciosos que timan tanto a un lado como al otro.

Ambos personajes existen, claro está, pero no son ni la media ni la norma de los que trabajamos en este sector.  

Siendo así, declaro:

Como autor, te pido que me apoyes. Lo ideal es que adquieras mis libros en físico, en papel, para que seamos compañeros de por vida y acudas a mi cuando quieras un amigo que te entienda, te acompañe y te haga la vida más leve. Quizás hasta sea un buen maestro para tus hijos y nietos, en mi afán de que mi voz resuene después que ya no tenga garganta.

El siguiente ideal, justo por debajo del libro físico, es que adquieras la versión digital de mis obras directamente desde sus sitios de venta. Que no te desencante el menor precio: en un final, el contenido es el mismo si tienes a bien escucharme. Solo me preocupa que, por costarte poco y no tener que esperar mi obra vaya a engrosar la larga lista de los “ya me lo leeré más tarde”…que nunca se leen.

Ahora bien: si te urge, si necesitas a toda costa recibir mis palabras y te son imprescindibles para continuar viviendo y progresar, no seré yo quien te prive de ellas. No lo apruebo, pero yo también he pecado al leer autores que no he podido retribuir el beneficio que ellos me hicieron. Aun así, les guardo una deuda de gratitud, un aprecio inquebrantable y me declaro el mejor de sus campeones.

Si tú estás ávido de quedar en deuda conmigo, no me opongo. Solo recuerda que necesito de ti.

Y tú, ¿qué opinas al respecto? Estaré encantado de leerte abajo en los comentarios. Si te da pena, pues dame un me gusta, ¡bien sabes que es verdad! O compárte este artículo en tus redes sociales, para que tus amigos se enteren. O rebloguéalo. O qué sé yo.

¡Hazme saber que estás ahí y no estoy tecleando al éter!

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2 comentarios en “¿Papel o digital? Lo bueno para ti, es bueno para mí”

  1. Te hago saber que estoy aquí, como pides. Me encantó tu artículo porque justamente mi mente divaga actualmente sobre este punto, y yo llego a la conclusión de que ambos tienen lo suyo, aunque sé que AMAMOS el libro físico por un millón de razones. Pero mira, estamos aquí, leyéndonos… Digitalmente.

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