KISS y la navaja de Occam en la trama literaria

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KISS y la navaja de Occam en la trama literaria

Soy un tipo de mentalidad compleja, lo que me lleva a unos enredos cerebrales y una angustia constante que no me hacen bien. Lo sé y lo reconozco, tan así que vuelvo a sobre pensar en torno al tema una y otra vez.

A veces —y me avergüenzo de inmediato— quisiera no pensar tanto las cosas y vivir más a lo que se caiga: dominó en la esquina, reggaetón, alcohol cuando lo haya y para de contar. Pero no tengo remedio, así que quizás gracias a mis procesos cerebrales no me quedó otro remedio que encauzar esa energía extra a la escritura.

Pero, ¡ojo!, no puedo dejar que el sobre pensamiento se vuelque en las historias que cuento, so pena de convertirlas en laberintos y vericuetos reflexivos que nadie —ni yo— va a querer leer. Después de todo, no aspiro ni quiero ser un Nietzsche ni un Proust: ya sabemos cómo terminaron ambos.

El principio KISS

Por fortuna, tengo una regla que intento usar como rienda cada vez que mi mente despotrica y empieza a complicarme demasiado las historias. Me refiero al principio empleado en el diseño KISS, acrónimo de Keep It Simple, Stupid! 

O cómo diríamos en español: ¡Mantenlo sencillo, estúpido!

Atribuido al ingeniero Kelly Johnson (1910 – 1990), el principio KISS plantea que muchos sistemas funcionan mejor si se mantienen simples. Por tanto, la simplicidad debería ser una meta del diseño y la complejidad innecesaria debería ser evitada.

Hay otras interpretaciones más suavizadas del acrónimo, pero esta es la que mejor me recuerda lo tonto que es complicar demasiado mi escritura o la trama de las historias que quiero contar. El principio KISS no es precisamente nuevo, porque su espíritu vive en frases famosas como:

Si la simplicidad es la clave del éxito, entonces trataré de mantenerme lo más simple posible.

KISS y la navaja de Occam
Keep it simple, stupid!

La Navaja de Ockham

El monje franciscano William de Ockham (1287 – 1347), formuló el principio que lleva su nombre. Llamado también principio de Occam o de la parsimonia, plantea que entre dos o más explicaciones, la hipótesis que tenga el menor número de supuestos debe ser la mejor.

El principio de Occam también sostiene que uno debería proceder de la manera más simple posible hasta que dicha simplicidad pueda ser sustituida por una explicación más consistente, poderosa y basada en los hechos. El principio de Occam admite que nuestra explicación, aunque simple, no necesariamente sea la correcta. Pero mientras no se pruebe lo contrario, será una explicación temporal válida.

Tanto el principio KISS como la Navaja de Occam pueden ser recursos incómodos para quienes gustan de ver el mundo en polaridades de bueno o malo, correcto o incorrecto. Son maneras de pensar instrumentales, de tránsito; herramientas para encarar la ambigüedad y seguir adelante sin entramparse en tediosas discusiones bizantinas sobre suposiciones, gustos o creencias. También hay que aclarar que estos principios exigen una mentalidad abierta y crítica para testear los hechos con frecuencia y someterlos a revisión.

8 consejos KISS para crear tramas coherentes

Ya llevados a la creación literaria, tanto el KISS como la navaja de Occam pueden ser herramientas de gran utilidad para no empantanarse dentro de la trama. Aunque pueden encontrarse numerosos casos en que la simplicidad puede venir en nuestro auxilio, he aquí 8 ejemplos ilustrativos.

1. La solución siempre debe ser más simple que el problema.

Muchas veces, en especial en la novela negra o policial, la solución a un conflicto (crimen) es tan enrevesada que peca de increíble.

O el asesino se tomó el trabajo de crear tal laberinto de causas y consecuencias que lo más probable es que su víctima hubiera evitado la muerte con dar un paso fuera del esquema, o el investigador toma una aproximación tan inverosímil que es increíble que hubiera llegado a buen término.

Así pues, en la fase de planeamiento de tu novela, trata de que la solución sea más simple que el conflicto. Luego, emborrónala o desvirtúala todo lo quieras para que tu pobre lector no la encuentre a la primera. Pero, por lo menos, tú jugarás con la ventaja de saber exactamente hacia dónde vas.

2. Desmenuza tu problema

A la hora de plantear el conflicto en la trama, intenta que no caiga como un tostón de plomo sobre tus personajes. Si los agobias y no les das salidas para su resolución, tendrás que acudir al temido Deus ex machina al final para salvarles.

Haz que ellos (y de paso tú) diseccionen el problema desde otros puntos de vista que la simple desesperación. ¿Cómo sería la situación si el problema no existiera? ¿Cuáles son las trabas que impiden la resolución del problema? ¿Cómo las trabas pueden dejar de serlo? ¿La traba puede modificarse para que ella misma resuelva el problema? ¿En realidad existe un problema en la situación o son tus personajes quienes no saben qué hacer?

3. Ayuda a tus héroes

Es preferible que antes de la solución milagrosa, aparezca algún personaje secundario que eche un cable a tus protagónicos. Eso de que el pimpollo del grupo de repente haya estudiado química cuántica en la secundaria y se acuerde justo ahora no es coherente, tampoco. Pero sí podría tener el número de teléfono un amigo empollón, en especial si ya has comentado lo sociable que es.

Recuerda que un problema lo es solo desde la perspectiva y la preparación de quien lo tiene, a menos que se trate de una catástrofe física de escala local (¡se te cae el techo en la cabeza!) o global (he aquí el tsunami). Y eso incluso no es problema para Hulk o Aquaman.

4. Esencia y contexto

Mantén siempre la esencia y el contexto del problema de las riendas. Si empiezas a añadir elementos a tu problema para hacerlo más terrorífico, terminarás con más de una dificultad insalvable.

5. Soluciones sostenibles y sustentables

No hay nada más decepcionante que sumergirte en una narración con un genial conflicto, para que luego de centenares de cuartillas la solución sea endeble e increíble. La solución KISS tiene que ser fácil de aplicar, comprender, definir, explicar y mantener.

De ese tipo de resoluciones que el lector se de una palmada en la frente y se diga “qué tonto soy: todo estaba ahí y no me di cuenta”. Piensa en la argumentación frente a un jurado: tu solución debe ser inapelable y definitiva, sin resquicios.

6. Asocia y recicla

En literatura, es cierto que todo ya está escrito: no vas a descubrir la rueda, ni nadie espera que lo hagas. KISS es también encontrar como otros solucionaron un conflicto similar, ajustar y ver si estas soluciones se aplican a tu problema.

Hay tantos elementos diferentes en cada historia que, a menos que hagas un plagio de corta y pega, puedes encontrar una vía para que algo viejo sea nuevo otra vez.

Otro que bien sabe que lo sencillo suele ser lo más efectivo

7. Recuerda: papelito jabla lengua

La solución al conflicto siempre tiene que ser simple y explicarse por sí misma. No vas a estar al lado de cada lector para defender y explicar el final. La solución KISS habla por sí misma y requiere una explicación mínima, sin asumir que hay cosas que son obvias.  Debes hacer que lo sean: que algo esté claro para ti no implica que lo sea para otros.

8. Nadie es monedita de oro para caer bien en todas las manos

Es imposible que una historia guste al 100% de las personas, así que no puede escribirse pensando en complacer a todo el público lector. Las cosas no funcionan así: o serás un bestseller vacío de supermercado, o una obra maestra que leerán un puñado de entendidos.

No compliques las cosas con el meta pensamiento de que van a pensar de tu obra luego de publicada. Trabaja en un estilo que te resulte cómodo y no le quite la diversión al acto de escribir. Supone que si tú te has divertido creando, contagiarás a tus lectores del buen rato.

9. No pienses en la pifia

Es cierto que nuestra cultura de la cancelación da más peso a un error que a diez aciertos. Pero no se puede escribir pisando huevos, ni escribir un texto que contente a todos los bandos. Si tienes que ser polémico para que tu texto sea coherente, pues que así sea.

Pero no incluyas en el manuscrito cosas innecesarias “por si las moscas” y para justificarte de antemano: si tienes que pedir perdón antes de pedir permiso, mal vamos.

Espero que estos principios te sean útiles para aplicarlos a tu escritura. Y de paso, como yo lo intento, para que el sobre pensamiento que te (nos) habita no te impida ver el bosque por detenerte en el árbol.

Felices letras y recuerda: Mantenlo simple, ¡estúpido!

Espero que estos consejos te sean útiles. Pero recuerda: no tienes que recorrer el camino del escritor tú solo. Puedes contactarme si deseas ayuda con tu obra, o solicitar los servicios que te ofrezco más abajo:

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3 comentarios en “KISS y la navaja de Occam en la trama literaria”

  1. Buenos días, Álex.
    Maravillosos consejos y magnífica exposición.
    La verdad es que conocía la idea: en la simplicidad está la belleza, o la felicidad que dicen algunos. Pero no los términos que has explicado.
    Los acrónimos suelen sorprender, el de KISS es interesante y divertido, y su sentido contundente.
    Buenos consejos para poner en práctica o, al menos, tenerlos presentes para no caer en historias recargadas, sobre extendidas o soporíferas. Tal vez, por eso me encanta el cuento. Un relato corto puede contar de forma más sencilla y breve una historia, sin tanta paja mental.
    Mucha gracias, estas entradas son de gran ayuda.
    Un abrazo.

    1. No te creas, que he visto cada cuento por ahí… Incluso,he hecho un par de los que me arrepiento. Pero sí: algo bueno que ha surgido de esta nueva era es la economía de recursos. Si puedes decir algo en 1 línea, no uses 10.

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