Publicando con sabor tradicional

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No importa si la editorial es grande o pequeña: la publicación de un libro a la vieja usanza es un éxito indiscutible para cualquier escritor.

Indica, en primer lugar, que has logrado saltar la barrera del criterio editorial y alguien considera tu obra lo suficiente buena como para enrolarse en la batalla de hacerla un producto.

Implica además que en el futuro las obras que vendrán (asumimos que eres de los autores perseverantes y tienes mucho más que contar) tendrán un parto menos complicado. Tendrás el aval de que no es tu ópera prima y, si te tocó un editor que respeta su trabajo, habrás aprendido mucho en el proceso.

No todo es un lecho de rosas

Ahora bien: luego del duro golpe que ha significado la pandemia del Covid-19 para el sector editorial, no esperes hacerte rico de la noche a la mañana. Incluso antes eso no funcionaba así.

De seguro te han motivado las historias de éxito de escritores famosos, devenidos figuras públicas en un chasquido de dedos. Esta fachada no es tan real como quieren hacernos creer:  esconden años de duro bregar con un manuscrito a cuestas como la JK Rowling, o décadas de perfeccionamiento constante como en el caso de Stephen King.

Incluso si te has inspirado en uno de esos héroes mediáticos que autopublicaron y luego cedieron sus derechos a las grandes editoras, nunca creas lo que te dicen a pie juntillas. Sin contar que más de tres cuartos de los bestsellers de un libro quedan rápidamente en el olvido: son como las glamorosas estrellas de rock de los ochenta, devenidos luego granjeros, camioneros o peor.

Más que decepcionarte, quiero que tus esperanzas se enmarquen en el plano de lo real y lo posible. Como ya te habrás percatado al leer el artículo anterior, estás rozando el filo del sueño: si bien puede que no ganes mucho por publicar tu libro con una editorial, no estás pagando absolutamente nada por él.

Ventajas no económicas de la publicación tradicional

Aunque no sea en metálico, la experiencia de dejarte llevar de la mano por los que saben puede resultar muy provechosa para tu futuro como autor. Incluso, si esa experiencia es negativa.

El proceso de transformar un manuscrito en un libro pasa por muchas etapas, que involucra el trabajo de muchos profesionales del sector. Como producto, tu obra necesita ser mucho más que tus reflexiones sobre un papel: es trabajo de la editorial hacerlo llegar al mayor número de lectores cuidando de su contenido, su forma terminada y el canal de distribución y ventas más eficiente.

Aquí, una aclaración pertinente. Los escritores, en especial los que apuestan por la autopublicación, ven con recelo el trabajo de los editores. Llegan incluso a considerar en su ingenuidad que todos los editores son un atajo de capitalistas que se benefician de su obra sin dar un palo al agua: esa no es la regla que impera en el mundo editorial. 

La norma es que tu editor te lea, aun siendo tú un perfecto desconocido, y vea un manuscrito lleno de errores pero el potencial de convertirse en algo valioso. Luego, se dará a la tarea de revisar con implacable minuciosidad el texto para limpiar esos gazapos que ningún autor puede ver. Más tarde va a maquetar toda la tripa, para adaptarla a los estándares que el lector está acostumbrado. Ya casi con un producto en ciernes, seleccionará una portada que impacte y atraiga y enviará el resultante a imprenta.

A título personal, una recomendación en este proceso: déjate ayudar. Puede que como autor tengas una idea preconcebida de que será tu libro, pero tu misión terminó en cuanto el editor tomó cartas en el asunto. Por supuesto, se te va a consultar, pero él posee la experiencia repetida de conocer que funciona en el sector y tú no, y está arriesgando su propio dinero en el proceso.

De la imprenta a la venta

Muchas editoriales pequeñas y medianas utilizan los servicios de impresión a demanda o directamente venden en digital utilizando plataformas como Amazon o Lektu. Otras, más importantes, realizan pequeñas tiradas que venden de forma física a través del sistema de librerías o por correo. Solo las editoriales más grandes realizan tiradas cuantiosas, pues disponen de la infraestructura de distribución necesaria.

Luego, corresponde el proceso de promover y dar a conocer tu obra para que se venda bien. Como autor, puedes y debes ayudar en este proceso, pero una vez más el editor que se respeta va a hacer todo lo que se encuentre dentro de sus posibilidades para que tu libro se transforme en un producto exitoso.

La promoción no solo consume tiempo, sino también dinero que el autor no va a poner de su bolsillo, ya sea desde lo real (ferias, presentaciones físicas, lanzamientos, reseñas de pago en medios de comunicación) o en lo digital. Imagina pues el inmenso esfuerzo que ha de hacer una editorial en anunciar y vender el libro de un autor novel… que no es pan caliente ni monedita de oro: el que no te conoce, ciertamente no te necesita.

Acá, a menos que tengas un nombre reconocible en la literatura y una página con más de 10 000 seguidores, la editorial siempre superará en promoción y ventas a un autor autopublicado.

La hora del pastel

Luego, llega el punto que más duele al escritor: las ganancias. Muchos se quejan del exiguo 10% que aparece en la mayoría de los contratos (a veces 50%, cuando la obra es digital). Algunas editoriales incluso son más cautas y establecen una cifra mínima de ventas en las que el autor no recibe nada, para cubrir los costes de la edición.

¿Es eso injusto? Todos soñamos con el triunfo, la fama y la fortuna. Es cierto que si autopublicas el 100% de las ganancias serán tuyos. Pero no serás el primero ni el único de los esperanzados que encargan un centenar de ejemplares (todos los costes a tu cuenta) para que luego ocupen un espacio muerto en tu sala de estar. Nos olvidamos a veces que el 100% de nada es el vacío y la frustración.

¿Cómo es entonces que vuelan las noticias de escritores con contratos jugosos y pagos de más de cuatro cifras sobre los derechos de venta de obras que aún no están ni escritas? Esos escritores, amigo mío, usualmente ya han demostrado a sus editoriales que van a retribuir con éxito comercial los gastos y tienen un público fiel que les sigue.

Al menos yo, en lo que ese estado de nirvana llega, seguiré apostando por la edición tradicional: si no cobro aún lo suficiente como autor, por lo menos dejo en manos de los profesionales la mayor parte del trabajo que sigue a la palabra “FIN” en un manuscrito. Sin que me cueste un centavo, y sin gastar mi tiempo en hacer lo que realmente define a un escritor: escribir.

Espero que estos consejos te sean útiles. Pero recuerda: no tienes que recorrer el camino del escritor tú solo. Puedes contactarme si deseas ayuda con tu obra, o solicitar los servicios que te ofrezco más abajo:

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