Ictus: el peor de los infartos

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El Ictus es el peor de los infartos

Hay muchos tipos de infartos. Cuando nos referimos a esta palabra, lo primero que nos viene a la mente es el dolor agudo en el pecho y el hormigueo en el brazo izquierdo, preludio de una carrera urgente a —valga la rebuznancia— Urgencias con mayúscula, a ver si no se va del aire la patata y nosotros con ella.

No he tenido la desgracia de padecer ninguno, pero he estado a punto. Y dado mi historia familiar pues mejor me cuido, ¿eh? No obstante, este no es el tipo de infarto que más me asusta.

Hay un infarto para todo

Como por definición —gracias, Wikipedia— un infarto es la muerte de un tejido por falta de sangre y posteriormente oxígeno, todos nuestros órganos son susceptibles a infartos más o menos aparatosos. De hecho, mientras menos aparatosos suelen ser más mortales.

Y si de aparatosidad se trata, el ictus o accidente vascular encefálico es la reina del drama. Tanto, que casi se lleva los palmares en la cantidad de nombres: infarto cerebral, derrame cerebral, apoplejía… y, con menos frecuencia, que se te muera el coco y quedarte tonto de capirote.

Hay sí que me asusto. ¿Para qué serviría yo si quedo así? Ya bastante tengo con la edad, el miedo al Alzheimer, los factores de riesgo, la hipertensión, los excesos de la juventud y un montón de cosas más, para encima de eso perder lo poco que me queda en la cabeza de golpe y porrazo.

¿Miedo? Pavor, más bien.

Quieren que lo diga, pero no

Además de la hipertensión arterial (check!), tenemos el sedentarismo como segundo factor de riesgo del ictus.

Luego vienen el consumo de radicales libres, y que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Tabaco, frituras o grasas hidrogenadas, consumo excesivo de alcohol, cafeína u otras drogas entran en esta categoría. Luego vienen las enfermedades cardiacas, en las que no hay nada que hacer. O la diabetes, que me toca por la libreta genética.

Más tarde, el estrés. No el eustrés, que es bueno, sino el chungo. Ese que creo que te lo tatúan desde que naces en este rinconcito de cielo, donde no para de llover.

Quieren que lo diga, pero no lo haré. ¿Para qué seguir dando vueltas a la latica? O me sube la presión a mí, o hago que sobrepienses lo que depara el futuro. Y no quiero ser el causante de un ictus ajeno, ni a mi peor detractor. Vete a revisar Caralibro si quieres estresarte.

Ya que todo me lo quitan, por favor que me dejen mi mente. La necesito para reinventarme a diario.

Respira, por el amor de Dios

Ya sé que tengo las papeletas correctas y adecuadas para el ictus, y me asusta horriblemente esa posibilidad. Pero será mañana. Hoy no. Nunca hoy, como esos cartelitos que indican cuando es que se fía.

Isquémico o hemorrágico, el ictus es la tercera causa de muerte en Europa, pero la primera causa de invalidez permanente. Y miren que belleza de secuelas y síntomas:

  • Pérdida de fuerza en un brazo o una pierna, o parálisis en la cara (puedo vivir con eso)
  • Dificultad para expresarse, entender lo que se le dice o lenguaje ininteligible (no puedo vivir con eso)
  • Dificultad al caminar, pérdida de equilibrio o de coordinación (a duras penas viviría con eso)
  • Mareos, dolor de cabeza brusco, intenso e inusual (aquí es cuando más nervioso me pongo)
  • Pérdida de la visión en uno o en ambos ojos (¡al menos necesito uno!)
  • Depresión (pues a veces me acompaña, muy a mi pesar)
  • Parestesias (que no me abandona)
  • Episodios amnésicos breves (bueno… ¡si los tengo no me acuerdo!)
  • Desorientación (todos los días cuando despierto)

Así que no me queda de otra que respirar hondo y repetir el mantra de la Aragón:

“No me voy a disgustar. A la hora que tú me llames, no me molesto”.

No siempre funciona —sobre todo en este año—, pero trato.

Un rápido chequeo de estatus para el ictus

Hay una prueba que puedes hacer en un par de segundos para saber si tienes o vas a tener un ictus, y buscar ayuda… que siempre tiene que ser dada por personal médico en las primeras cuatro horas del ictus, so pena de palmarla o quedar tontuno pa toa la laif.

Se llama Escala Cincinnati y es sencillita de hacer delante de un espejo:

¿Puedes sonreír?: si los dos lados de la cara no reaccionan de forma simétrica, dale pal hospital.

¿Puedes levantar los brazos?: Si puedes levantar los brazos por unos segundos sin que uno no se mueva o se caiga, estás en talla. Si no, dale pal hospital.

¿Puedes hablar?:  Con el ictus se arrastran las palabras, se dicen disparates o no se puede hablar. Corre pal hospital y reza porque te entiendan.

Ni caso me hagas

Sé que no es mi post más alegre, pero no siempre anda uno de castañuelas. Espero que no me pase y no te pase nunca. O que lo superemos sin secuelas. Pero en la medida que exfoliamos días al calendario, la amenaza es más real. Para alarmistas la OMS, claro, que dice que para el 2050 la mitad de la población mundial habrá sufrido un ictus alguna vez.

Para ese entonces tendré 78 años y espero ser un viejillo alegre y productivo. O una copia ROM en la red. Pero si no es así, ya sabe quién lo que debe hacer. Primero muerto que loco.

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4 comentarios en “Ictus: el peor de los infartos”

  1. Es el mal de todos los males, el ictus. Tengo todas las papeletas también, ¿eh? en mi familia ya han habido varios y con males finales. Uno nunca sabe cómo puede estar de aquí a mañana, o el peor de los casos mientras escribo esto. VALGAME DIOS… que da un yuyu… Igualmente te agradezco mucho este post porque hay que concienciar a la sociedad. Pasa un buen lunes. Feliz semana.

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