Mejor castigo

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He renunciado a ti, y en mi renuncia quiero
sepas que en esto no hay nada de agresivo:
te dejo partir con la más triste de confianzas
que en realidad, tú nunca me has querido.

¿Qué lo intentaste? Es verdad, pero el intento
no compensa una vida de cumplidos
que en su momento pudieron ser sinceros
pero tanto, que los creí fuertes y sentidos.

Y tan a pesar de las heridas, decidí aceptarlos,
error mío: debí escuchar a mi experiencia
antes de entrar en barrena, desvalido.

Eres pues el mayor de mis fracasos,
mi más triste victoria, mi castigo,
por amarte profundo desde el alma
mientras tú lo decías sin sentirlo.

Así que lo mejor es que renuncie
a lo que de cualquier manera no fue mío.

Hay muchos otros bellos tiempos por llenarme
que no tendré ojos para ver y percibirlos
si sigue ahí tu imagen clara, bien clavada
en mi retina, en mi pecho y mi delirio.

Así que adiós, zarpa pues tú, bien confiada.
Ve a engañarte y a engañar, si ese es tu sino.
Solo espero que cuando tanto tú lo ames,
él responda desde el fondo de mí mismo.

–Álex Padrón, noviembre 2020

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