Núcleo y centro

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Poca razón te asiste cuando afirmas
que de fallar, tu sueño ha terminado:
él sigue ahí, latiendo a contraluces
sabiéndose que está certero y delegado.

Si es un sueño real, quedará eterno
reviviendo tranquilo en tu regazo
cuando quieras tomarte solo el tiempo
de volver al pasado y revisarlo.

Si se ahoga, entonces no era un sueño,
sino mera ilusión, no más que un trazo
de niño travieso jugando a dibujarlo:
el sueño es tenaz, es eficiente,
está lleno de poder y con los años
en lugar de morir evoluciona,
echa raíces, se mueve, cambia el paso.
Pero nunca inclina la cabeza,
ni deja de impulsar a su fiel amo.

No he sabido yo de nadie todavía,
que logre el oficio de matarlo.
Puede que tan solo en apariencia
los problemas podrían retrasarlo.
Pero no es así: tan solo espera
se alimenta, fortalece, se hace sabio
y en la justa medida que se pueda
avanza indetenible a su… ¿fracaso?

Tampoco yo conozco a ningún sueño
que de base por completo ha fracasado:
siempre habrá otra mente que lo salve,
siempre habrá otro día que lucharlo.

Por eso, si vas a amar a alguien ciegamente,
ama y nutre a ese sueño que has soñado:
los amores de dos dependen de otra gente,
pero un sueño jamás ha traicionado.

Si se cumple al final, tampoco llores:
ya vendrá un nuevo sueño a reemplazarlo.
Y si no, tampoco desesperes,
pues al menos hoy, yo seguiré soñando.

-Álex Padrón, diciembre 2020

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1 comentario en “Núcleo y centro”

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