Oda a una estrella rota

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¡Qué desgracia haber caído ante tus ojos
tan abajo, que ni el saludo me darías!
Aunque haya mil estrellas en el cielo
me entristece si una sola apagaría.

No me queda ya ni claro ni sincero
el por qué con tanto odio vestirías
estos huesos, que se tapan con recuerdos
de un ayer en que fuiste solo mía.

Como sé que para amar no es suficiente
que se haga sin contar con compañía,
he tenido a bien el acto de olvidarme
de tus besos, tus abrazos, tu lascivia.

Aun así, en mi olvido también caen
todo el mal que tú me hiciste, pues sabía
que aunque ya no era digno a tu mirada
eres luz que en otra parte brillaría.

Esperaba que tú hicieras otro tanto,
pero sin de meritar que tanto me querías:
tal parece que es error irremplazable
el que exista y que respire todavía.

Por desgracia, yo no puedo cancelarme
tan aprisa como esperas, alma mía.
Otras luces me reclaman los dos ojos,
otros sueños que soñar se perderían.

Si me quieres negar, pues qué remedio:
a mejores han tirado a la inmundicia
por razones mucho menos importantes,
por motivos que ni creen, ni creerían.

Así pues, no me veas si no quieres
ser fantasma es oficio que en porfía
tengo a bien de gozar en mis talentos.
(Aunque, húmedas, te tiemblen las pupilas)

–Álex Padrón, mayo 2022
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