Una conjetura tonta

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Cuando ayer te marchaste de repente,
noté algo que olvidaste entre tus labios.
¿Una oscura confesión, una promesa?
¿Un suspiro fugaz que se ha escapado?

Lo que fuera que fuese, no me digas:
prefiero dudar a quedar por ti enterrado
en alguna palabra que grite lapidaria
que lo nuestro ya está muerto y terminado.

Quedo tranquilo así hoy, con la sospecha,
que lo que faltó ayer fue un «te extraño».
Porque no sabré si aquello fue un “te odio”,
pero –iluso yo–, pudo ser hasta un «te amo».

–Álex Padrón, El rosario del hombre de ceniza,
Primigenios 2020
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