A la caza de la palabra precisa (en la frase perfecta) II y final

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En la primera entrega de esta serie hablamos de la importancia para los escritores de disponer de un amplio léxico para encontrar la palabra precisa para expresar nuestra historia. Para ello debemos aprender a leer, escuchar e investigar de forma activa.

También analizamos cómo evitar las repeticiones mientras escribimos, ya sea mediante el uso de sinónimos o a través de determinantes. En esta segunda parte continuaré comentando sobre otras herramientas para dar con la palabra precisa en la frase perfecta.

Para evitar repetir palabras mientras escribimos

El uso de la elipsis

La elipsis consiste en omitir en la oración una o más palabras. Tal vez estas sean necesarias para que la construcción gramatical sea perfecta, pero pueden eliminarse sin que el mensaje se afecte.

Las elipsis pueden ser de dos tipos:

Verbales, cuando se omite un verbo.

En lugar de decir:

Yo empuñaba el hacha y él sostenía la espada.

Podemos usar una elipsis verbal y plantear:

Yo empuñaba el hacha y él la espada.

Nominal, cuando se omite un nombre o un pronombre.

En lugar de decir:

Tengo muchas naves en mi hangar. Si quieres, te presto un vehículo.

Podemos usar una elipsis nominal y plantear:

Tengo muchas naves en mi hangar. Si quieres, te presto una.

Para que la elipsis sea coherente es imprescindible que el texto resultante se entienda. Si hay ambigüedad en su comprensión, es mejor repetir o usar un sinónimo que emplear la elipsis.

Usar pronombres

Otra forma de evitar repeticiones de palabras es emplear pronombres. Estas sustituyen a personas, cosas o hechos conocidos por el que habla y el que escucha. De hecho, «pronombre» significa «en lugar del nombre».

Un ejemplo:

Gabriel descendió de los cielos con lentitud. Él aún no sabía su misión, pero le sería revelada muy pronto.

Los pronombres se dividen según su empleo en:

Pronombres personales: se refieren a personas sin nombrarlas. (Yo, tú, él, ella, nosotros, vosotros, ustedes, ellos).

Pronombres posesivos: indican la pertenencia de un animal o cosa. (Mío, tuyo, suyo, nuestro, míos, tuyos, suyos, nuestros).

Pronombres demostrativos: indican dónde se encuentra algo o alguien con relación a quien habla. (Este, esta, ese, esa, aquel, aquella, estos, estas, esos, esas, aquellos, aquellas).

Pronombres indefinidos: mencionan sin identificar a lo que se refiere, o lo identifica de manera vaga. (Nadie, alguien, nada, algo, todos).

Pronombres relativos: son los que unen dos cláusulas, donde la segunda califica al sujeto de la primera (el que, los que, la que, lo que, quien, quienes, el cual, los cuales, la cual, lo cual, cuyo, cuyas).

Pronombres interrogativos: preguntan sobre algo de lo que se está hablando (¿Quién…? ¿Quiénes…? ¿Qué…? ¿Cuál…? ¿Cuáles…? ¿Cuánto…? ¿Cuántos…? ¿Cuántas…?)

Pronombres exclamativos: su función es expresar emociones, sentimientos o reacciones. (¡Qué!, ¡Quién!, ¡Quiénes!, ¡Cuánto!, ¡Cuantas!)

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Los sinónimos de toda la vida

El sinónimo es la palabra que tiene un significado total o parcialmente idéntico a otra que hemos empleado. Por fortuna, el español se caracteriza por tener muchos para cada vocablo, de forma que podemos usarlos para enriquecer nuestro discurso.

Ahora bien: nunca emplees un sinónimo si no estás completamente seguro de su significado. Tampoco te esfuerces por encontrar y utilizar palabras rebuscadas o arcaicas: aunque pienses que eso te hace lucir inteligente, lo normal es que causes el efecto contrario y el lector te vea como un petimetre que lo obliga a buscar el diccionario con demasiada frecuencia.

Lo mejor es intentar que tu discurso sea claro y entendible para toda la audiencia. Ojo también en emplear sinónimos para palabras técnicas. Usualmente, no hay sinónimos exactos para ellas.

Usa (y vigila) las palabras comodín

Hay una serie de términos con tantos significados que podemos usarlas como comodines para casi cualquier asunto. Ya estamos tan acostumbrados a ellas que se vuelven peligrosas muletillas. Así que mejor cambiarlas por sinónimos que expresen lo mismo y se adapten con más exactitud al contexto de la historia.

Los comodines se detectan mejor en la lectura en voz alta. Si notas que hay dos demasiado juntos, sustituye uno de ellos y asunto resuelto —aunque se dice más fácil que lo que se hace. Pero ten cuidado, no se te vaya la mano y la frase resultante no sea natural.

Algunos comodines (lista muy incompleta):

Sustantivos: asunto, cosa, cuestión, problema, tema, …

Adjetivos: bueno, grande, impresionante, malo, pequeño, positivo, …

Verbos: hacer, poner, realizar, tener, …

Siempre, siempre piensa en el lector

La palabra precisa no es la que más gusto te da cuando la empleas. Es la que mejor transmite la idea a tu público lector, así que debes pensar primero en la edad y nivel cultural de tu audiencia cuando la elijas.

Hay autores, incluso famosos, —no mencionaré ejemplos, pero como tienes buenas lecturas, ya sabes quienes son— que llenan sus escritos de latinejos, expresiones refinadas, oraciones en otros idiomas, párrafos interminables y frases rimbombantes. Pueden ser perfectas desde el punto de vista de la construcción gramatical, pero son un verdadero martirio para los ojos y un freno para la lectura.

No tengo nada en contra, e incluso apruebo, que de cuando en vez un autor me remita al diccionario. Como dije en el primer artículo de la serie, la lectura es la mejor forma de aumentar nuestro léxico. Diría que la ideal, pues la mayoría de las veces podemos inferir el significado de un vocablo por el contexto donde está usado. Pero siempre con mesura y dosificando la sapiente prosapia ;).

Evita las expresiones recargadas que se puedan saltar sin detrimento a la historia. No importa el género que cultives, piensa que tu lector no te lee como libro de texto, sino como forma de entretenimiento. Si la lectura fluye y es fácil para los ojos, entonces es habrás dado en el clavo con tus frases.

Encontrar la palabra precisa en la frase perfecta es algo que logras con una revisión a fondo. Cuando digo una, quiero decir muchas: cada vez que leas el texto notarás que puedes cambiar un par de palabras para que sea más ameno.

Sé que esto suena a la pesca del cachalote blanco del capitán Ahab, pero mientras más busques mejor será tu texto. También recuerda que lo perfecto es lo enemigo de lo bueno: no puedes revisar para siempre.

En el momento en que me odies por estos consejos, te sugiero tomes algún texto que hayas escrito —publicado incluso— hace unos años y lo veas desde esta nueva perspectiva. Seguro estoy que tu léxico se habrá hecho más rico y te felicito: eres por ello mejor escritor.  

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5 comentarios en “A la caza de la palabra precisa (en la frase perfecta) II y final”

  1. Si, leer en voz alta para comprobar también si la poesía o frase tiene un ritmo constante, y verificar también si la palabra y/o sinonimo encaja bien en el texto.
    Que, sobre todo, el texto no parezca forzado.

  2. ¡Rediablos, Alex!
    Me he puesto con énfasis a leer todo lo que has escrito en torno al tema de mejorar la escritura. Confieso que casi me ha llevado al borde del suicidio pero, opté por el camino saludable de llevar a la práctica lo que argumentas. Mirando con nuevos ojos los adefesios que construí, me horrorizo ¿Cómo pude usar tanta palabra cursi—cuando no derechamente versallesca—redundante e innecesaria?
    Gracias, ya no soy el mismo desde hace una semana y un poquito más. Me he hecho fan de KISS.

    1. Yo solo sigo la máxima de “si crees que sabes algo, explicáselo a tu abuela” e intento con estos escritos pasar un poco de mi experiencia y errores a los demás, para que le saquen provecho. No te imaginas cuanto me alegra saber que lo que escribo no cae en saco roto. Muchas gracias por tus comentarios, que me animan a seguir escribiendo.

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