Inmensidad, frío, Astral…

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Inmensidad, frío. En el firmamento rondan entidades negras, solas, pero ya no tristes. Bestias de alma perdida y al acecho, aguardando. Sumergidas en un océano de siglos.  Algo se mueve. Algo desgarra el velo de las estrellas, y por primera vez en tanto tiempo las sombras se revuelven y contemplan extasiadas. Es entonces, aunque aún no lo sabes, que comienza tu verdadero viaje.

Cuando por primera vez escuchaste hablar sobre el Astral te pareció tan lejano, tan inalcanzable, que aunque te atraía lo olvidaste junto con el viejo libro que hablaba de él. Seguiste tu camino, pero todas las noches te columpiabas en el roble añoso de tu mansión, escudriñando las estrellas, tratando de averiguar que se oculta tras su brillo. Después tropezaste con el viejo manuscrito de los rituales y todo cambió. Sus palabras volvieron a encender la curiosidad y la duda y poco a poco aprendiste con él los misterios de un nuevo tipo de viaje astral. La vía alternativa. Pagaste mucho por la bandeja milenaria y el hilo de plata, pero ahora…

Primero la luz estalla en mil pedazos, brillante, brillante, y luego quedas sin ojos. Te sientes diluir dentro de un campo de niebla lleno de aguijones, te pierdes en un relámpago para renacer en un trueno. Mueres sin muerte. Flotas en un túnel vacío, acercándote a la verdad que buscas. Emerges al fin en un instante- eón, transformándote en un resplandeciente pulso de energía y conciencia pura, en forma de preguntas sin respuestas. Atrás queda la bandeja de arcilla cubierta de ideogramas incomprensibles. Sobre ella vibra el hilo de plata que une tu cuerpo al suelo y tu alma al firmamento, mientras te proyectas al Astral. No lo sabes, pero en los ideogramas esculpidos se lee:

Escucha nuestras voces y recuerda nuestras palabras. Tú, que caminas por los planos en busca de respuestas, tal vez encuentres la pregunta que nunca debes formular…”

Sombras negras comienzan a oscurecer las estrellas en lo profundo de tu campo visual, pero estás demasiado deslumbrado para notarlas. Las entidades negras, rebosantes de expectativa se acercan. Cada vez más rápido, devorando parsecs.

Serás el Viajero, el que todos esperan y nadie recibe. Pues el Dios Ciego dio para nosotros la bendición del viaje y la perdición del recuerdo.”

El cuerpo quedó atrás, inclinándose en rezo maquinal sobre la bandeja, musitando, mientras tu alma se lanza y indaga y encuentra todas las respuestas que buscabas y otras que aún no llegas a comprender. Te detienes un instante y sientes vibrar el cordón plateado tras de ti, ves su estela ondulando fantasmal a tu espalda. Vas, ávido, otra vez a explorar esta inmensidad que huele a estrella y sabe a gas.

Tú que te adentras en un mundo, conoce que entre los soles moran, y devorarían planetas para que te pierdas, para que sientas la terrible soledad, el frío que cala, el Astral que nubla tu conciencia y quema tu destino.”

El hilo de plata en la bandeja comienza a burbujear. Las masas amorfas te rodean, te cercan. Tú viajas ciego a la amenaza, revolcándote en el conocimiento. Son cientos, miles, persiguiendo tu rastro.

Si no escuchas… pues a nuestros ojos ya estas perdido…”

La primera alerta te llega, mientras un espectro toca el cordón espiritual. Sientes miedo e intentas regresar, pero es tarde. Chocas con un mundo ilusorio desplegado ante ti, mientras el hilo hierve, se retuerce…

“… en la oscuridad…”

… gime, palpita, es retenido y perdido por las manos que ya no alcanzan a sostenerlo.

“… en el frío…”

Horrorizado arremetes. El cordón se rompe, al tiempo que una de las entidades se vuelve luminosa y es tragada por la grieta que has abierto en el velo de estrellas. Tu cuerpo ya no es tuyo. Rondas de un lado a otro buscando orientación, mientras te tornas tú también un negro fantasma.

El tiempo es todo para ti ahora. Para que lo sufras. Te debates en un frío mar de locura, perdiendo siglo a siglo un trozo de tu humanidad. El conocimiento que antes perseguías te abruma ahora, que conoces la verdad suprema. Es preferible vivir ignorante, antes de saber todas las repuestas de esta forma. Eres otra sombra negra, uno más, flotando en la nada. La tristeza y la desesperación han pasado. Solo una idea te alienta: recuperar lo que antes fuiste, y olvidar. Volver. Volver. Volver. Te degradas, bestia sola en el firmamento, a acechar durante uno, diez, cien millones de centurias.

Un halo de electricidad recorre tu cuerpo amorfo. Una singularidad. El velo de estrellas se quiebra, y por la grieta emerge un pulso de energía, danzando loco, con un hilo de plata por estela. Este es tu momento. Quema, quema el éter y devora planetas, antes que tus compañeros de perdición se adueñen de tu oportunidad de regresar a casa. Sé el predador de tu propia salvación.

Con la violencia de una nova te ciñes al cordón, aunque lamentas en tu fuero interno el grito de agonía de quien dejas atrás. Tienes que hacerlo y lo haces. No hay retorno ahora y retrocedes a la grieta en las estrellas. Mueres en trueno y renaces en relámpago, te materializas en un campo de nieblas lleno de aguijones  y recobras tus ojos después de un brillante, brillante, destello de luz. Has vuelto. Has vuelto. Ante ti yace la bandeja cubierta de ideogramas y dentro de ella el hilo de plata. De un tirón las haces añicos y aplastas los pedazos hasta el polvo, con la rabia contenida durante mil eones.

Y entonces, solo cuando has destruido la puerta de regreso al Astral, contemplas con horror tus manos, quien sabe si tentáculos, tal vez garras, quizás pseudópodos, a lo mejor tenazas…

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