Concursos literarios: el cuento de hadas aterrizado

.
Photo by Engin Akyurt on Pexels.com

Este artículo se publicó originalmente en la revista Korad 39 del
Taller literario Espacio Abierto, en mi columna Misión Escritor

Luego de la experiencia de actuar como jurado en la última edición del concurso literario Oscar Hurtado, creo necesario hablar un poco del elefante en la habitación. No en específico sobre nuestro certamen, sino sobre los concursos literarios en general.

Recuerdo a los lectores que este artículo —como todos los de esta columna— está escrito desde mi opinión y experiencia. O sea, si hay alguna queja o divergencia con los consejos que suscribo, soy el único que debe arder en la hoguera.

Dicho esto, aquí vamos.

¿Por qué se participa en los concursos literarios?

Sin importar la magnitud del concurso, hay tres razones fundamentales y no excluyentes para participar en un certamen literario:

Visualidad: en especial para los autores noveles, ganar un concurso —o algún lugar en él— permite que se reconozca su talento. Esto no es 100% seguro: en dependencia de la calidad de otras obras en concurso, puede que un buen intento quede fuera del podio. Pero en un oficio tan difícil e ingrato como las letras, cualquier miga para el ego es buena.

Publicación: la mayoría de los concursos ofrece alguna forma de publicación. Si bien es cierto que algunos certámenes se convocan para engrosar el fondo editorial de una revista o editora, ganar es una garantía importante de publicación, en especial para autores que aún no tienen obra publicada.

Dinero: ¿por qué engañarnos? Aunque ese no sea el objetivo principal para un autor novel, es cierto que muchos escritores —publicados y recontra publicados incluso— enviamos a concursos que pagan de forma bastante estable y calculada. Es difícil vivir de la literatura, así que cada peseta cuenta.

Un beneficio extra que siempre se disfruta, en especial al principio de la carrera, es poder incluir un mérito más al currículo. De este hablaremos en otra ocasión, pero un CV bien armado bien puede abrir las puertas de una editorial. Más tarde se van limpiando de él los concursos menores y las menciones no tan relevantes, pero al principio de una carrera toda ayuda es poca.

Garantizando que el jurado lea mi cuento

Un concurso de convocatoria abierta puede atraer decenas y hasta centenares de obras. Pero desengáñate: el jurado no las lee todas.

Un jurado regular está integrado por escritores de renombre del género, pero a menos que sea un concurso importante, ellos donan voluntariamente su tiempo. O sea, no cobran.

Así que los organizadores del evento buscan mecanismos para evitar que el jurado pierda su tiempo con obras mal presentadas o de escasa calidad.

Cumple con las bases

El primer filtro son las bases del concurso. Aquí no vale el romanticismo: por muy buena que sea tu novela, la mandas a un concurso de cuentos y no llegará a los jurados. Si es un concurso de fantasía y mandas una novela negra, no llegará a los jurados. Si pones tu nombre en el texto y no en la plica, quedas fuera de forma automática.

CUALQUIER detalle —por nimio que te parezca— que se aleje de las bases equivale a descalificación inmediata. Nadie se apiadará de ti si usas tipo de letra Verdana cuando se pide Times New Roman; o pones 11 en tamaño de letra cuando se te pide 12.

Esto y los márgenes no son simples trucos estéticos: afectan la longitud de la obra. Y es uno de los aspectos que causa descalificación instantánea: si te dicen 10 cuartillas, mejor acortar tu historia —seguro que algo sobrará— que intentar engañar a las bases. Quienes las redactamos no somos tontos, y están ahí para cumplirlas.

La adecuación a las bases se lleva a cabo en algunos concursos a través de filtros informáticos. Y aunque así no fuera, que quede claro: si no te ajustas a lo que te piden, estás fuera de competencia.

Por buena que sea la obra, estás en el deber de cumplir las bases. Si tienes alguna duda, pregúntala antes de perder por no presentación —que no es lo mismo, pero es igual.

Vence al panel de selección

Luego de este filtro, puede haber un segundo tamiz de lectura crítica. Este no lo realizan los jurados, pero hay lectores profesionales que se aseguran que lo que llega a los jurados tiene un mínimo de calidad y se ajusta al tema convocado.

Para ellos, menos es más: el texto tiene que estar bien formateado, la ortografía correcta y la obra pertenecer a la categoría solicitada.

Pasa mucho en concursos como el propio Oscar Hurtado, que tiene varias categorías, que el autor no señala en el texto por cual premio está optando. En algunas obras es difícil de establecer, pero ayuda que el autor señale la categoría por la cual concursa.

Estos lectores usualmente no van más allá de la primera página, así que si quieres ganar un concurso pon especial cuidado en como empieza tu obra. Y nada de colorines, formatos raros, ilustraciones ni florituras de ningún tipo: estás presentando un manuscrito, no lo que tú deseas que sea el producto final.

Si tienes la suerte de llegar entonces a manos de los jueces, estás en la cima de la pirámide (o el pico de la piragua). Aunque te parezca raro, más de tres cuartos de las obras en concurso quedan varadas para siempre en estos dos filtros iniciales.

¡A complacer a los jueces!

Algunos escritores tienen el falso concepto de que pueden enviar directamente un primer borrador a una editorial, y ya esta se encargará de corregirle el estilo y las faltas de ortografía. Revisar para ellos es tarea del editor, y si bien esto es cierto cuando el manuscrito se aprueba, el camino más probable de un esfuerzo a medias es el cesto de la basura.

Un texto que al editor le cueste leer no va a ser de su agrado y denota irrespeto hacia su editorial. Normalmente lo que se le sobra a un editor son las propuestas, así que no está obligado a leerte y menos a publicarte. Si esta verdad te parece dura, piensa que un jurado es un editor en esteroides.

Ellos tienen que leer y elegir entre muchos textos en un tiempo muy limitado, y encima casi nunca les están pagando por su esfuerzo, así que es tu tarea que se fijen en ti.

Justo es decir que hay un buen porciento de jurados que toman su trabajo a rajatabla y leen íntegros los textos que llegan a sus manos. Yo, seriamente, los admiro.

Otros muchos, en los que me incluyo, son más impacientes: leen los dos párrafos iniciales, si los consideran buenos leen el final y solo después leen dos párrafos al azar dentro del texto. Si hay coherencia y les llama la atención, los separan para leer con calma y siguen su ronda de eliminación.

Esta práctica es una de las más comunes, y en ella se elimina hasta el 90% de las obras que llegan a la consideración del jurado. El resultado, casi siempre, coincide con el del jurado que lee exhaustivamente.

No importa el concurso: sé siempre tu mejor versión

Separar el grano de la paja es una tarea ardua, así que mejor asumir que el jurado anda de mal humor y con ganas de lavarse los ojos con lejía. Así que está en tu mejor interés complacerlo y hacer que tu texto destaque.

Si para pasar los dos primeros filtros “formales” había que prestar mucha atención a la corrección ortográfica y de estilo de la obra concursante, para ganar el amor de un jurado hay que presentar algo espectacular. No es concursar por concursar: tu obra debe estar bien escrita, contar una historia interesante y tener un final contundente. No le puede faltar ni sobrar una palabra.

E insisto: aun cuando hagas todo lo que esté en tus manos, las probabilidades de ganar un concurso son pocas. Estás compitiendo contra una masa de escritores que, al menos en teoría, se están dejando como tú la piel sobre la cuartilla. Así que por respeto a tu esfuerzo, dale mejores oportunidades a tu historia.

Revisa con lupa antes de enviar. Mejor aún, haz que muchos amigos escritores lo revisen, ya sea en talleres literarios o a lo cortico, en lo personal. ¿Quién sabe? Puede que uno de ellos sea jurado y te reconozca tras el seudónimo. Lo cual sigue sin garantizar nada, pero es un paso de avance.

Y un par de consejos más

No te rindas. Ganar un concurso es mucho, pero en realidad nunca pierdes por participar.

Elegir los finalistas y triunfadores depende mucho de la subjetividad y no tanto de la calidad de tu obra en sí, pero si no sales premiado no tienes que desencantarte con tu manuscrito. Eso sí: nadie te va a decir por qué no resultaste ganador, pero siempre puedes estudiar la obra que lo fue y encontrar los puntos en los que supera a la tuya.

Mejora entonces tu obra y vuélvela a enviar, si no al mismo concurso —ojo, que se puede— a otro similar. ¡Y mucha buena suerte!

Posdata y a título muy personal

Como jurado, voy a rechazar tu obra de plano sí detecto estas deficiencias. Cuidado: muchos otros colegas harán lo mismo.

Comienzas con el parte meteorológico: “El frío acompañaba al sol que se ocultaba en la montaña”.

Comienzas con una frase de otro escritor: para leer “en un lugar de la Habana, de cuyo nombre no quiero acordarme” o una frase que el protagonista lee de un cuento de Borges, premio a Cervantes o a Borges.

Definitivamente no a las faltas de ortografía: el corrector ortográfico existe. El diccionario también.

No a las repeticiones de palabras: usa el diccionario de sinónimos. Shift+F7 en Word.

No a los actos de magia: iniciar con un “desde hacía días tenía la certeza de que…”. Si el protagonista no es el Doctor Strange, no me lo creo.

Pones dos epítetos por sustantivo: “la alta y empinada faralla”. (solamente se lo acepto a Lovecraft y eso a veces).

Tus frases tienen cinco líneas: el punto y seguido existe para que el lector no se pierda. O el jurado.

.

2 comentarios en “Concursos literarios: el cuento de hadas aterrizado”

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ir arriba
A %d blogueros les gusta esto: