Más sobre escritor y crítica (II)

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Continuemos esta serie con una anécdota, que habla de tener en cuenta más a quien te critica que cuantos. Matadero, mi primera novela publicada, tuvo muchos lectores cero que hablaron bien de la historia. Pero fue Eduardo del Llano, con su aprobación no exenta de ácidas críticas, quien realmente me animó a enviarla a una editorial.

Lo demás es historia y a Eduardo todavía le debo una cerveza.

Aprende, para entender las críticas

Sigamos, pues, seccionando el comentario de Luis Felipe:

“Otra cosa que también es muy importante es estudiar los múltiples manuales y cursos de escritores consagrados. No todos los manuales serán buenos, algunos aportarán poco y otros serán auténticas biblias, pero hay que invertir en educación. Igual con los cursos. Al final del día, seguro que algo aprendes de todos. Lo que está claro, en mi opinión, es que si no estudias y te preparas, poco vas a avanzar. Por mucho que le den un escoplo y un martillo a una persona, jamás tallará una estatua de mármol si no le enseñan.”

A menos que seas un derroche de talento, nadie aprende a leer y escribir de forma intuitiva. O te enseña la escuela o te enseñan tus padres. A contar historias, te enseñan los libros y las personas que los escribieron. Ellos también aprendieron en algún lugar o de algún maestro, así que no desdeñes a la primera los cursos y manuales de escritura que existen para tu beneficio.

Un error típico de principiante es creerse la llave de los truenos —y contar con ese pozo infinito de talento que antes hablaba—, rechazar lo hecho y tratar de romper moldes literarios. Anjá, se puede. El 99% de los escritores vivos y muertos son mediocres y lerdos: todos han subido a los hombros de gigantes que le antecedieron. Hay saber qué moldes hay que romper y cómo hay que saber escribir dentro del canon, so pena de inventar el agua tibia y repetir fórmulas más reiteradas que la morcilla.

Luego de más de cinco mil años de palabras escritas, todas las historias se han contado de todas las formas posibles. Si no las conoces y aprendes a imitarlas, no podrás innovar. Si no innovas, no podrás inventar.

Escritor y crítica: tras el rastro de gigantes

“Leer a reconocidos autores es importante. No los best-sellers esos tan populares, sino aquellos que dicen cosas por muy densos que sean. Esa profundidad abre la mente de par en par y tampoco se está obligado a imitar su estilo. Por otra parte, leer tratados de filosofía, por ejemplo, abre mucho la mente y la perspectiva sobre los seres humanos. Al individuo de nuestro hemisferio occidental lo han influenciado el pensamiento helenístico, el derecho romano y la moral judeocristiana desde el principio de los tiempos. Marx y Engels son de apenas hace cien años. En tiempos históricos y de pensamiento filosófico, una aguja en un pajar”.

Los cursos y talleres de escritura de seguro ayudan. Un autor a imitar es una guía cómoda. Un mentor literario es como un maestro de artes marciales, que te hace sudar en el tatami para que no sangres en la calle.

Pero son los libros, en su gran inconsciente de cultura colectiva, los mejores maestros que puedes tener. Un escritor debe, por fuerza, leer mucho. Se necesita, más que estudios, de la cultura general que te brindan el ejército de autores que te antecedieron. Muchos fueron criticados y vilipendiados, otros ni siquiera fueron buenas personas; pero sus obras son las que quedan y perduran para enseñarte valiosas enseñanzas.

Aunque las olvides y no seas capaz de citarlas como erudito, las palabras que lees te van formando poco a poco como escritor. Usando la metáfora que Luis Felipe mencionaba antes, tus lecturas son el escoplo y el martillo que van haciendo de ti una estatua de mármol, limando las asperezas de la incultura y la ignorancia.

Las obras se critican. Los escritores se crecen.

Y termina mi amigo:

“Si obviamos todo esto, lo más seguro es que continuemos mortificándonos porque recibimos críticas de los demás. Creo sinceramente que los que queremos dedicarnos a esto tendremos que esforzarnos en seguir estos pasos y dejar el lustre y el brillo para los prepotentes. Puede, tal vez, que dejando de promocionarnos (no me refiero al marketing de nuestros libros, sino como personas) sea la clave para que la gente venga a nosotros y nos promocionen”.

Tengo en cuenta esta máxima, que no es para nada una justificación: al mejor escribano se le va un borrón. Bajo esta premisa, toda mi obra es digna y meritoria de críticas, incluso las más ácidas y destructivas.

Cada una de mis creaciones es el reflejo del estado actual en que me encuentro en mi camino para convertirme en un mejor escritor. Mi responsabilidad es poner, a cada momento, lo mejor de mi escaso talento y todas las herramientas adquiridas para escribir el mejor cuento posible, la novela más interesante y el poema más sentido.

Si lo logro o no, no me preocupa. Habré puesto en ella lo mejor de mí en ese momento, pero yo seguiré adelante leyendo más, aprendiendo más y escribiendo más. Por eso seguiré siendo cada vez mejor y no hay prepotencia en ello, sino la consecuencia lógica de avanzar y hacer de la práctica la mejor de las escuelas.

Las buenas críticas son martillazos para enderezar el metal.  Las ácidas, un baño para abrillantarlo. Así que critiquen, que ya tomaré yo buena cuenta de ello para mi beneficio y puede que hasta me sirva de aliciente, por si un día me duermo en los laureles. Salvando las distancias, mucho criticaron a Hemingway por “Al otro lado del río y entre los árboles”. Tanto, que escribió el borrador de “El viejo y el mar” en ocho semanas.

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3 comentarios en “Más sobre escritor y crítica (II)”

  1. Un artículo super útil para los q empezamos. Yo solo agregaría que el escritor también debe tener ojo activo a la hora de aceptar, rechazar o aplicar una crítica a su obra. A fin de cuenta está en nuestras manos dilucidar si tal crítico compredió la esencia de mi obra o está intentando forzar su visión en mi creación. Pero de lo que sí estoy seguro que en el contacto con la crítica a nuestra obra ( ya venga de lectores o especialistas) se haya uno de los pilares de la evolución literaria.

    1. Es como los consejos, vale la pena escucharlos, analizarlos con frialdad y tomar una decisión sobre ellos. Los críticos tienen un peso que se debe balancear, pero tampoco son infalibles: solo expresan su opinión desde su experiencia. Cierto autor muy prestigioso (que es uno de mis lectores ceros más sinceros) tiene una rara estadística: cada vez que me dice que un relato no va a ganar el concurso donde lo voy a enviar, va y gana. Así que es el primer oráculo que consulto 😀

  2. Buenos días, Álex.
    Todas la críticas son aceptables, hasta las malas, el problema está en saber sacarle a cada una su jugo. Las malas crítica duelen, sobre todo si no son hechas con educación y cariño, pero es posible que sean las más adecuadas, porque nadie aprendió de las lisonjas y los piropos. Creo que se madura como creador cuando uno deja de molestarse por las crítica y aprende de ellas.
    Con respecto a los cursos, es evidente que todos enseñan y pueden que sean necesarios, pero es que son caríiiiiisimos, al menos para mi bolsillo.
    Muchas gracias por la entrada. Sabios consejos para seguir aprendiendo.
    Un abrazo.

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