Entre tú y yo, una ventana

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¡Oh terca mariposa! ¿Aún no entiendes?
¡Deja ya de jugar a golpetear a la ventana!
Sé que la luz es bella, y aunque la quieras,
nunca es tuya para con tus alas apagarla.

Sé que recuerdas con placer esos momentos
cuando junto a ella sin descanso la aleteabas
en loca danza alegre sin control y no lo niego,
algún que otro soplo de oxígeno le insuflabas.

Pero era más el tiempo en que, extasiada
con las sombras chinescas en la almohada,
no veías los titánicos esfuerzos que se hacían
para evitar quemar y herir tus bellas alas.

No pude más, y al azorarte de vuelta al viento,
a la ventana, para que vueles libre al firmamento,
a otras luces más cubiertas y más sanas…

¡Sigues gritando agónica que pregunte!
¡Que tú sabes que la vela aún te ama!

Por favor, entiende pronto y entiende clara:
a pesar de tu loco aleteo y de las sombras,
esa luz ya no puede protegerte ¡desgraciada!
¡Ni yo cuidar de mi razón sin apagarla!

Los muros de cristal que estás golpeando
nunca permitirán que vuelvas a esta casa.
Echo ahora y para siempre un velo negro
para que no veas más la luz que amabas.

–Álex Padrón, El rosario del hombre de ceniza
(Primigenios, 2020)

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El rosario del hombre de ceniza , Editorial Primigenos 2020

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