¿Cómo escribir buenos capítulos?

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La división más común en las novelas son los capítulos. Son componentes secundarios de la estructura canónica de inicio, desarrollo y desenlace. Cabe destacar que escena y capítulo no son lo mismo. Los capítulos están bien identificados en el texto, ya sea por tener una numeración o un titular de referencia.

Por otra parte, las escenas, junto a otros elementos literarios, son elementos que forman los capítulos y a su vez la novela. Un capítulo puede contener varias escenas, o una sola escena prolongarse a lo largo de uno o más capítulos. Esta es un poco más difícil de identificar, y se da cuando el escritor cambia los personajes, la locación o la perspectiva de la narración.

Estructura de los capítulos

Tal como la novela, cada capítulo tiene su propia estructura literaria e incluso su propio arco narrativo. Esto implica que también tendrá inicio, desarrollo y final: los personajes involucrados en él tendrán que enfrentarse a conflictos, obstáculos y situaciones que a su vez avanzarán la trama de la novela como un todo.

Esto implica que apliques un truco muy valioso: trata a tus capítulos como cuentos, pero cuentos que dependerán de los capítulos anteriores y prepararán los eventos de los capítulos siguientes. Es la misma psicología subyacente en partir un problema grande en tareas menores.

De esta forma podrás plantearte la construcción de la novela como una serie de cuentos, y así organizar estos para contar una historia coherente. Y esta es la clave principal para pensar tus capítulos: aunque puedan parecer independientes, deben mantener la coherencia con la historia que has contado antes.

Así, el comienzo de un capítulo debe tener referencias al anterior y seguir el hilo de la trama, para que el lector no se pierda. Un recurso válido es dejar el final del capítulo anterior en vilo (lo que se conoce como cliffhanger, «colgado al filo del precipicio») y continuar dónde lo dejamos.

Ming viendo como Flash se salva milagrosamente... una vez más.

(En la foto, Ming viendo como Flash se salva milagrosamente… una vez más.)

Este es un recurso que emplean a pasto las series televisivas para asegurar los ratings, pero que nació en la literatura gracias a las novelas por entregas o folletines. Solo que trata de no sacarte de la chistera soluciones milagrosas al estilo de los capítulos del viejo Flash Gordon.

Luego, se pasa al siguiente sub-conflicto de la trama principal, integrando poco a poco todos los elementos de la novela, para pasar luego al cierre del capítulo, con la resolución del sub-conflicto que has planteado y posiblemente la aparición de uno nuevo, para dejar otra vez en vilo a tus personajes y motivar al lector a avanzar.

Al llegar al cierre de capítulo, pregúntate si la trama general ha avanzado con respecto al punto de partida del capítulo y has contado una buena historia, atractiva para tus lectores. Si no es así, puede que solo hayas emborronado cuartillas para inflar el manuscrito, en cuyo caso debes ir atrás y repensar si el capítulo es vital o puede sencillamente eliminarse.

Mi experiencia persona escribiendo novelas

Como novelas en miniatura, tus capítulos pueden incluir puntos de clímax y revelaciones contundentes para darle peso y fuerza a tus personajes. E incluso puede darse el caso que al final de la escritura de tu manuscrito tengas que sentarte a reorganizar tus capítulos, añadiendo nuevos o quitando otros que no son tan relevantes a la trama.

De hecho, mi primera novela la escribí enlazando algunos cuentos sueltos que había escrito y publicado (Pesadilla, tragedia y fantasmas de neón (Primigenios, 2020, CF)) en sobre un mundo ciberpunk. Construí para ellos un hilo conductor y fui cosiendo cada cuento a esa trama. De hecho, estoy bastante contento con el resultado y esta primera novela -aún no publicada-, «Eternidad es demasiado tiempo», ha dado continuidad a todo un universo derivado.

Mi segunda novela fue «Matadero», y cuando me senté a escribirla pensaba que sería una novela de terror. En la que no tenía idea de cómo iba a terminar.

De forma intuitiva abordé el primer capítulo como un cuento, seguido por otro en que el punto de vista era totalmente diferente. Así, cuento a cuento, fue avanzando la historia hacia un final que a mí mismo me tomó por sorpresa, de manos de Carlos Lenin Onofre (detective de pacotilla).

La segunda de mis novelas negras, «La herencia de los Patriarcas», uso a «Matadero» como cliffhanger. Prosiguió la trama cronológicamente seis meses de donde quedó la novela anterior. Aunque su lectura es totalmente independiente, tampoco aquí tenía idea de cómo llegar al final. Así que la trama fue avanzando también a golpe de cuentos, esta vez un poco más calculados.

Y le fui tomando el gusto (y el arte)

«Tres Lunas» —mi tercera novela publicada— tendría un desarrollo diferente. En ella todo gira hacia el desenlace, que fue el cuento «El último recurso», publicado en «Regreso a la Isla en Negro». En la literatura sobran ejemplos de relatos que se extendieron a novelas e incluso saga. El juego de Ender de Orson Scott Card, sin ir muy lejos.

Así que combiné ese cuento con otros capítulos anteriores y posteriores para contar la historia con lujo de detalles. Así nació Samantha, la heroína de mis novelas negras. En esta novela jugué además con dos historias paralelas e intercaladas, por lo que muy bien puede considerarse dividida en dos grandes capítulos.

Tanto me gustó el personaje y la forma de enfocar el trabajo con capítulos que escribí luego «Mon amie la rose». Aquí otra vez escribí el final, luego las escenas climáticas intermedias, luego el principio. Finalmente, reorganicé todo, llenando los espacios con capítulos para ir del punto A hacia el punto B.

Y ya para cerrar el artículo con broche dorado, está «Guadaña Universal: el códice». Acá la máxima de escribir capítulos como si fuesen cuentos se lleva a rajatabla. De las 12 historias que conforman la novela 6 son míos y 6 de Yadira Albet. (Aunque nunca revelaremos quien es el progenitor de cada cual).

Aunque funcionan perfectamente por separado, juntos conforman una historia lineal en que se aprecia inicio, desarrollo y final. Encerrada en ese género literario difuso que algunos llaman cuentinovela, esta obra se alzó con el importante premio Hidra del 2020. Está finalizando su proceso editorial para imprimirse por la casa editora Abril.

Y los cobardes no han escrito nada

Así que si te da miedo escribir una obra de largo aliento, mi consejo es que la subdividas en capítulos y escenas. Y los abordas, tal y como lo harías con un cuento largo, de unas diez a quince cuartillas.

¿Quién sabe? Puede que al final no tengas una novela. Pero al menos tendrás un puñado de buenos cuentos y una historia que descansa en paz, luego de ser contada (aunque sea a retazos).

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